En un café del siglo XIX de la Rusia imperial, en medio de la confusión de las conversaciones entre el alegre ambiente de las compañías, una figura elegante y misteriosa se esconde, inmersa en su tormento y sus pensamientos. A pesar de los acontecimientos adversos, uno no puede sino amar la vida, a pesar del sufrimiento que conlleva; nada es tan satisfactorio como la búsqueda de la verdad. Si buscarla significa renunciar a lo que siempre ha sido un tótem de nuestra vida, debemos encontrar el coraje para hacerlo.
Caballeros, nos encontramos ante una bebida espirituosa sencillamente maravillosa.
Nota de Cata
Solo Bowmore puede dar vida a declinaciones tan raras, únicas e irrepetibles. Siempre ha sido la única malta que exhibe cimas de fragancia y elegancia dignas de un chardonnay de Borgoña, además de clásico. Nariz elegante y fragante. Rica en matices de chocolate blanco y polvo que contrastan con toques de carbón de leña y madera tostada. Todo esto es el precursor de esos matices de turba que se manifiestan de forma delicada y no abrumadora.
En boca es disruptivo y devastador, pero no por la fuerza bruta habitual de los productos de turba, sino por su elegancia y redondez. Y adivinen qué, todo ello enriquecido por el paso por barricas de jerez que no hace más que redondear y ennoblecer todas las características de nuestro Bowmore, sin condicionarlo, sino simplemente enfatizándolo. Nos deja un regusto tan suculento que corremos a por la botella… con la esperanza de que no se acabe.















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